miércoles, 22 de abril de 2020



GLENN GOULD (1932-1982)

INTRODUCCIÓN 
Y en 1955 apareció Glenn Gould.
Su carera fue una de las mas extrañas en la historia del piano. Uno de los grandes excéntricos de la música, fue sin embargo un instrumentista excelentemente dotado, cuyas ideas cambiaron el enfoque de Bach que tenían los músicos. Su primera grabación, las legendarias Variaciones Goldberg, que apareció en 1955, fue una revelación para muchos. Exhibía una combinación de personalidad, finura, ideas nuevas, ritmo movido, lempos rápidos y seguridad técnica que significó un enfoque nuevo de la interpretación de Bach. Tenía autoridad. Quizá los musicólogos podrían depedazarlo. No importa. Lograba que los oyentes creyeran. Sobre todo estaba la cualidad lineal de la ejecución. Gould tenía una habilidad extraordinaria para separar las líneas contrapuntísticas, pesarlas, contrastarlas entre sí y tocarlas en tándem. A posteriori es posible preguntarse hasta qué punto este Goldberg era realmente "auténtico". Pero cada época, como ya hemos dicho, hace música a su manera, y la manera de Gould se ajustaba cabalmente a su época, tal como su última grabación (por casualidad, otra mirada al Goldberg alrededor de una generación después de su épico debut en discos) se ajustó a la década del ochenta. Porque fue una interpretación enteramente distinta. Respetó muchas repeticiones más, los lempos fueron más lentos, era filosófica y hasta amanerada.
Para muchos músicos de hoy, Glenn Gould es un símbolo, una especie de Bobby Fischer del piano. Como el excéntrico genio del ajedrez, fue un talento asombroso que se retiró pronto a una vida de reclusión. Como Bobby Fischer, Glenn Gould dictó sus propias leyes, siguió su camino, no le preocupó lo que el mundo pensara de él y terminó por hacer que el mundo aceptara su voluntad. No es de extrañar que representara algo a lo que todos los músicos jóvenes aspiraban. Tal como Bobby Fischer fue una leyenda después de vencer a Boris Spassky en Reykjavik en 1972, Gould ha quedado como una leyenda hasta para los que nunca le oyeron tocar. Para su generación todavía representa la rebelión contra la autoridad, el desprecio por el establishment. Esto ocurre especialmente en Rusia, donde se reverencia a Glenn Gould. (Lo mismo ocurre con Bobby Fischer.) Todo pianista o especialista en piano que visita la Unión Soviética se encuentra asediado por pianistas rusos que quieren saberlo todo sobre Glenn Gould. Tienen todos sus discos que pueden ser comprados, todos en préstamo, robados, copiados, o pirateados. Tienen copias de sus presentaciones en televisión. Imitan sus gestos peculiares y se inspiran en sus interpretaciones de Bach para las suyas, y creen que ha sido el músico más estimulante de su época.

SEMBLANZA BIOGRÁFICA
Este enfant terrible nació en Canadá (Toronto) el 25 de septiembre de 1932. Empezó a tocar a los tres años y primero le enseñó su madre. A los seis años escuchó un recital de Josef Hofmann y nunca olvidó esa experiencia. Muchos anos después recordaba que cuando le llevaban de vuelta a su casa, "Estaba en ese estado maravilloso en que uno, despierto a medias, oye toda suerte de sonidos increíbles dentro de la cabeza. Eran todos sonidos de orquesta, pero era yo quien los tocaba todos y de pronto fui Hofmann. Estaba hechizado."
El próximo paso fue el Conservatorio Real de Toronto. Entre los diez y los veinte anos estudió allí con Alberto Guerrero. La música fue toda su vida; ni siquiera terminó la escuela secundaria. Cuando comenzó a dar conciertos, lo hizo como artista ya cabal y con programas muy poco usuales.

REPERTORIO
Tocaba muy poca música romántica. Sus programas naturalmente incluían a Bach. Tocaba algo de Beethoven, en especial las tres últimas sonatas. También les echó una mirada a compositores que generalmente no se asociaban con recitales de piano: Sweelinck y Gibbons, por no mencionar más de dos, luego daba un gran salto hasta Berg y Webern. Explicó que "tengo una laguna de un siglo delimitada más o menos por El arte de la fuga por un lado y Tristán e Isolda por el otro; lodo lo que está en medio es en todo caso motivo de admiración más que de amor".
Dijo de Chopin: "Pienso que no es un buen compositor." Pero del Romanticismo era muy poco lo que le gustaba:

Para mí toda la primera mitad del siglo XIX, excluyendo a
Beethoven hasta cierto punto, es en realidad un fracaso en lo que se refiere a música para solista. Esta generalización incluye a Chopin, Liszt, Schumann... Creo que ninguno de los primeros compositores románticos sabía escribir para el piano. Claro que sabían usar el pedal, y cómo lograr efectos dramáticos, salpicando notas por todas partes, pero hay muy poco de verdadera composición. La música de esa época está llena de gestos teatrales vacíos, llena de exhibicionismo, y tiene una calidad mundana y hedonista que me repele. Casi todos los criterios que espero encontrar en la gran música, variedad de armonía y ritmo, invención contrapuntística, están casi siempre ausentes en estas piezas.
En cuando a Beethoven, fue un compositor "cuya reputación dependió casi por entero del chisme". Para Gould ,Beethoven fue "el ejemplo histórico supremo del compositor que se regodea con su ego". A Gould le gustaban las primeras obras y algunas de las últimas, en particular la Grosse Fuge, que consideraba "no sólo la mayor obra que Beethoven escribió, sino quizá la composición más asombrosa de la literatura musical". Por lo que respecta a las sinfonías, el Concierto para Violín, la Sonata Waldstein, Gould "no podía explicarse" por qué eran tan populares.
Por otra parte, tenía sus entusiasmos sin límites: Schoenberg, Hindemith y en especial Richard Strauss. Gould llegó al extremo de grabar Enoch arden de Strauss y algunas de las primeras piezas, todas muy aburridas. Sin embargo, en sus artículos sobre Strauss, brillantes y provocativos, hizo una gran defensa del compositor.

PUBLICACIONES ESCRITAS
Gould escribió mucho, tanto como para llenar un grueso libro de 461 páginas que editó Tim Page. Las notas de programa para los discos de Gould estaban siempre escritas por él, y colaboró en muchas revistas. Sus escritos ilustran su propia paradoja. Sus observaciones sobre música y sobre la vida en general son una mezcla de profundidad, inteligencia, adolescencia, humor pesado que no divierte y verdaderas tonterías.
A Gould le encantaba asombrar, lanzar ideas sin haberlas trabajado a fondo. A menudo se expresa en paradojas. De vez en cuando se encuentra una humildad decorosa. En resumen, sus escritos son como el músico Gould: en el mejor de los casos brillan de manera irritante o irritan brillantemente. No es de extrañar que los músicos pusieran el grito en el cielo. ¿Quiso en realidad Gould decir todo lo que dijo? ¿O es que, como dice Lewis Carroll, "sólo lo hace para fastidiar, porque sabe que irrita"? En una ocasión Rudolf Serkin oyó a Gould hacer comentarios de esta clase en una transmisión de radio. "Dijo ridiculeces que me enfurecieron. Pero al final tocó y todo se arregló."

GLENN GOULD: EL MITO
En la otra cara de la moneda estaban los músicos y críticos que idolatraban a Gould y todo lo que él representaba. Para ellos, era el único pianista joven con cerebro e individualidad verdaderos. Sólo durante nueve años fue pianista de concierto, pero esos nueve años le convirtieron en una superestrella. Solicitado en todas partes, tocó en Europa, Rusia e Israel además de Estados Unidos. Se retiró a los treinta y dos años. Algunos años antes había anunciado que dejaría de tocar en público cuando tuviera treinta, para dedicarse a grabar, y cumplió su palabra. El 28 de marzo de 1964 dio su último concierto, en Chicago. Murió, trágicamente joven, en 1982, después de un ataque al corazón. Tenía sólo cincuenta años.

GOULD Y LA TECNOLOGÍA 
Durante los años en que estuvo alejado del escenario le fascinaron los medios de comunicación, sobre los que escribió bastante. Siguió grabando, presentándose en radio y televisión, y creó algunos espectáculos de televisión. Le gustaba hablar sobre la importancia de la tecnología electrónica, y la dio como uno de los motivos de su temprano retiro. "La tecnología", dijo, "tiene la capacidad de crear un clima de anonimato y permitir al artista tener tiempo y libertad para preparar su concepción de la obra lo mejor que puede. Tiene la capacidad de remplazar esas incertidumbres horribles, degradantes y humanamente perjudiciales que trae consigo el concierto." Dijo que cuando tocaba conciertos se sentía como un actor de vodevil.

ANÉCDOTAS
El excéntrico rumbo de su vida fue parte de la mitología de Gould y los músicos y el público repetían alegremente sus excentricidades. Nunca pudo darle la mano a nadie por temor a un contagio. Aún en los días más calurosos del verano llevaba Jersey. Si hacía frío usaba guantes, y tenía un par con los dedos cortados que a veces usaba en los conciertos. A los periodistas les encantaba; siempre era buen tema para una nota. "No hacía frío", escribió uno, "pero Gould se había puesto una boina, orejeras, bufanda, gabán y un par de resistentes guantes de cuero. En el restaurante, cuando se quitó todo eso, le quedó todavía una gruesa camisa de lana, un jersey pesado, una chaqueta deportiva de lana de tweed, pantalones de lana y un par de guantes tejidos con los dedos cortados."

Era muy noctámbulo y dormía todo el día. Gran solitario, solía pasar horas hablando por teléfono con la gente en vez de verlos. Era hipocondríaco. Tomaba un sinnúmero de píldoras. Cancelaba conciertos arbitrariamente, uno de cada cinco.

Por cierto que su manera de vivir hizo de él un sujeto ideal para la publicidad. Mientras dio conciertos llevaba su propia silla consigo, porque ninguna banqueta normal era lo bastante baja para su inusual colocación ante el teclado. Esta silla había sido hecha para que estuviera sentado exactamente a catorce pulgadas del suelo. Pero todavía le resultaba un poquito alta, así que las más de las veces insistía en que apoyaran las patas del piano sobre tacos para elevar el instrumento más o menos una pulgada y un cuarto. Las historias sobre Gould y su silla se contaban en todos los corrillos- Se cuenta que en una ocasión obligó a George Szell y a la Orquesta de Cleveland a hacer una espera interminable durante un ensayo mientras los tramoyistas colocaban la silla y el piano. Gould miró a Szell, que se impacientaba, y le dijo algo así como que no sabía qué hacer con su silla. Szell le informó exactamente qué podía hacer con su silla.

Sus extravagancias durante los conciertos incluían balancearse, tararear y marcar el compás con las manos libres. A una interpretación del Concierto para Piano No 4 de Beethoven, en Nueva York, llevó un vaso de agua al piano. Se acomodó, tocó el solo inicial y luego, mientras la orquesta estaba en su tutti, cruzó las piernas y bebió unos sorbos refrescantes. El crítico del Times le felicitó por su informalidad y sugirió que en la próxima interpretación que hiciera del concierto, llevara una botella de cerveza y un sandwich de jamón.

CONCLUSIÓN
¿Cuánto de todo esto era premeditado? Nadie lo sabrá jamás. Gould era diestro en épater le bourgeois, y conocía muy bien las ventajas de la publicidad y cómo manejar la prensa. ¿Mezclaba adrede sus excentricidades con la ejecución al piano? Algunas de sus actuaciones fastidiaban a los músicos tanto como algunas de sus manifestaciones, orales o escritas. Su excéntrica grabación de las tres últimas sonatas de Beethoven casi provoca linchamientos entre los músicos, tan amanerada y outré resultaron. Cuando grabó algunas sonatas para piano de Mozart, destacó el bajo cifrado hasta tal punto que igualó a la línea melódica en importancia. Y muchos consideraban que sus tempos eran francamente enloquecidos, o demasiado lentos o demasiado rápidos. Los especialistas en Mozart estaban escandalizados. Pero, por otra parte, consta que Gould dijo que en realidad Mozart no le gustaba mucho.

Perdurará como intérprete de Bach, y sus grabaciones constituyen su legado permanente. A veces, como en la Partitas, obligó a los profesionales, amantes de la música y críticos a reconsiderar la música, descartando todos sus preconceptos. No era sólo que tuviera dedos maravillosos y la capacidad de clarificar los elementos lineales de la música. Otros pianistas -no muchos, debemos admitirlo-, también podían hacerlo. Pero ninguno tenía este tipo particular de sonoridad firmemente centrada; una sonoridad que Piero Rattalino, el especialista italiano en pianistas, compara a los sonidos que evocan los grandes coloristas, Horowitz, Richter y Michelangeli. Sobre todo, las interpretaciones de Gould lograban que la música sonara de manera diferente: en tempo, frase, dinámica y concepción. Elementos que nadie había tenido en cuenta hasta entonces de pronto asumían gran relieve. Pero en las actuaciones no había nada excéntrico ni amanerado. La música pasaba a través de una mente que no daba nada por sentado. Era una mente original que trabajaba sobre un conjunto de premisas y principios diferentes de los de otros pianistas. No se podría describir como una ejecución tradicional de Bach, ni romántica, neoclásica, moderna o musicológica. Cualquier cosa que fuera, trascendía una vida y un espíritu únicos en la historia de la interpretación de Bach.

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